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EN LA 1ª
ENTREVISTA:
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Laura Cuello
- Luis Ramiro
- Vega
Pérez-Chirinos
- Pablo Ager
- David
Testal
- Lara Moreno
- Emite
Poqito
- María José
Moreno
- María
Riveiro
- Carmen
Simón
- Inés
Thiebaut
- Víctor
Alfaro |
Lara Moreno
__________________________
por Guillermo Ortiz López
Lara dormía en el cuarto de los libros
y cogía los ejemplares de Los cinco y los devoraba. Lara
escribía cuentos, de pequeña, y unos diarios, con 8-9 años, y unos
comics muy dramáticos de niñas pequeñas. Lara se emocionaba cuando
abría el libro de Heidi y cuando abría alguno de Agatha
Christie. Lara escribía cartas sin parar, hasta que encontró el
e-mail. Cartas que duraban folios y folios y folios, en las que
salía toda la rabia de adolescente y post-adolescente de manera
compulsiva, sin filtro.
Lara no escribió su primer cuento «con
argumento» hasta los 16 años y desde entonces ha preferido no
ahondar en la autobiografía, sino imaginar tramas y personajes.
Respetar el «pacto de ficción»: que el lector no tenga que
preguntarse si lo que tiene delante es verdadero o no, sino que sea
lo suficientemente verosímil.
Lara es Lara, por Doctor Zhivago, no
sabemos si culpa de David Lean o de Boris Pasternak.

Lara, en definitiva, es la gran
esperanza blanca de la literatura española. Una chica de 29 años que
se ha ido abriendo paso muy silenciosamente, todo a base de talento.
Ha participado en unas 7-8 antologías, entre ellas la prestigiosa
Mirando boca arriba: Antología del cuento andaluz que se
presentó en la Feria de Guadalajara (México). Sólo ha publicado un
libro de relatos, Casi todas las tijeras (Editorial Quorum,
2004), aunque están de camino dos gratas sorpresas: otro libro de
relatos, con Tropo Editores y uno de poemas, La Herida Costumbre,
con Puerta del Mar.
Como editora, acaba de lanzar Aquí
y ahora, una colección de poesía bajo el sello de la asociación
cultural Ygriega, de Sevilla, de la que forma parte desde sus
tiempos de la Universidad.
De Andalucía a Madrid. Casi todas
las tijeras.
Mucha gente no lo sabe, pero Lara
Moreno fue mi primera editora, junto a David J. Calzado, cuando yo
tenía 25 años y ella 24. El relato se llamaba Peleas en
Cantoblanco y entró en una antología con título Los vicios
solitarios. Nos conocimos en un bar llamado El Bandido
Doblemente Armado y me proponía constantemente conciertos de Paco
Cifuentes. Yo, por entonces, no sabía nada de Lara y no me abrumaba.
No había leído ni una sola línea, no sabía hasta qué punto era buena
justo en lo que yo intentaba ser bueno.

Ella acababa de llegar a Madrid, a
leer manuscritos para Planeta y empezar un máster de edición en
Santillana. Casi todas las tijeras estaba escrito y a la
espera de su publicación. «A los 23 años ya había firmado el
contrato, pero se retrasó todo. No fue complicado encontrar editor:
fui a la presentación de un libro en Sevilla y me fijé en una mujer
argentina de unos 50 años, que fumaba Marlboro todo el rato.
Hablamos y resultó que era editora, así que me pidió que le mandara
cosas. Le envié como primer relato, Casi todas las tijeras,
le gustó y me pidió otro y ya me dijo que le enviara el libro, pero
no había libro, tenía que escribirlo».
Ahora ya es una madrileña más, aunque
con su acento de onubense pasada por Sevilla y su manera de marcar
las sílabas tan andaluza cuando están fuera de su territorio.
Trabaja para Alfaguara y vive en una pequeña casita de Zarzalejo,
cerca de El Escorial.
Igual que uno puede pensar que una
actriz porno acaba harta de sexo a lo largo del día de rodaje, es
razonable suponer que una correctora, lectora y editora como Lara
acabe harta de la literatura después de varios proyectos seguidos.
En parte es así. «Sobre todo antes, que tenía que leer mucha mierda,
ahora corrijo cosas muy buenas. A Torrente Ballester, a Onetti…
puede que a mí algún autor personalmente no me guste pero tiene un
mínimo de calidad. El problema es que el mundo de la edición es una
empresa y la literatura para mí es arte y esos dos conceptos chocan
demasiado y te acaba quemando. Para un escritor, sería más útil
vender tomates, aunque por otro lado, hay que trabajar, y mejor
hacerlo en algo que te guste, y como la literatura es lo que más me
gusta…». Un pequeño círculo vicioso.
Que la literatura le gusta es obvio.
Tan obvio que tiene un
blog maravilloso y que creó uno de los talleres literarios
amateurs más importantes de la ciudad, en la cueva de la
cervecería La Buena, en la calle del Espíritu Santo. La literatura
le gusta tanto que eclipsó cualquier otra vocación y por eso estudió
periodismo, porque no sabía qué hacer y filología hispánica no era
una opción. Por eso acabó en edición.

El río que no cesa
Lara leía a Paco Umbral, Las ninfas,
leía Cien años de soledad, leía El lobo estepario,
leía a Juan Marsé, pero sobre todo leía a Cortázar. La influencia de
Cortázar en el estilo de Lara es muy evidente: los dos apuestan por
una prosa fluida y a la vez compleja, como un río que intentas
seguir pero te hace tropezar en mil piedras escondidas, que bordea
la orilla de la incomprensión para acabar llegando con éxito al mar,
feliz, como si nada. «Bueno, eso era antes», matiza, en una
cafetería de Tetuán. «Antes, abría la compuerta y salían aluviones
de palabras, escritas a las 5 de la mañana, por ejemplo, como mi
blog ahora pero aún peor. Yo quería darle forma pero a la vez era un
río que tenía que salir y no me apetecía cortar el flujo». ¿Y ahora?
«Ahora intento pararlo, al menos. No es nada preconcebido, creo que
ahora soy más pausada, en general, antes leía sudamericanos
compulsivamente y ahora leo japoneses, eso se tiene que notar».
Lara construye diques y se organiza.
Escribe una novela en sus pocos tiempos libres mientras termina de
cerrar el libro de relatos. Esa disciplina le está costando una
barbaridad, insiste una y otra vez.
«La locura me fascina, pero necesitaba
no poner 25 imágenes en una frase. Con una valía. Hacer menos
malabarismos, pero sin forzarlo, tampoco. El problema con la novela
es que hay que plantearlo todo y planificar. No vale con una imagen,
hay que pensar dónde va a ir el personaje, qué va a encontrar, dónde
va a ir después… Hasta ahora, lo importante en mi literatura eran
las sensaciones. Yo transmito más sensaciones que historias. Es muy
divertido inventar sensaciones que no has tenido nunca».
Lara, novelista. Lo que nos faltaba.
De momento, teníamos a la Lara editora, la Lara relatista, la Lara
bloggera, la Lara organizadora, la Lara compositora de canciones
«que nadie puede musicar» y la Lara poeta. En torno a la Lara poeta
hay una antigua polémica entre ambos: a mí me gusta muchísimo, ella
pone cierto freno a mi euforia. «Hace 2-3 años que escribo poemas
con regularidad, pero por ejemplo nunca he escrito un soneto. Creo
que mi prosa tiene algo de poético y mi poesía mucho de narrativa,
por eso no me considero poeta del todo. Supongo que es un prejuicio.
El prejuicio del verso libre. Siempre he tenido en la cabeza versos,
con ritmo, con cadencia poética. En septiembre de 2001, por ejemplo,
escribí mucha poesía, pero abusando de los esdrújulos. Muy poco
suave. Como prosa rota».
Sin embargo, Lara es una poeta
maravillosa, y si no están seguros de quién tiene razón, por favor
miren
lo que publicó en nuestra revista hace cosa de un año.

Cómo ser Lara Moreno
Lara esquiva las responsabilidades y
los halagos. No los entiende. Supongo que sabe que escribe muy bien
porque todos se lo decimos y porque alguien que lee constantemente a
los demás acaba aprendiendo a leerse a sí misma, pero no se lo acaba
de creer. Y si se lo cree, no le da la menor importancia. Escala de
valores. «La literatura para mí es amor, no puede ser frustración
nunca. Claro que no siento ninguna presión. Si estuviera vendiendo
miles de ejemplares, igual sí, pero ¿qué he hecho? Vale, me han
publicado, ¿y qué? A mí lo que me jode es no tener tiempo para
escribir, eso es lo que me jode de verdad, porque disfruto
escribiendo. ¿Cómo voy a sentir presión? Es lo que más me gusta. Si
los demás disfrutan conmigo, genial, pero eso no me bloquea, al
revés, me ayuda a superarme a mí misma. Nunca me fijo en llegar a
algún lado o publicar tal cosa. Es más fácil que eso».
Lara tiene una libreta y después de
hacer el amor —ella dice «follar» con una alegría que yo no me
permito y los dos bromeamos sobre ello— o antes de cualquier otra
cosa, escribe ahí lo que siente. Luego lo pasa al blog. A veces.
Lara es como una avispa. No sé, algo más sutil, quizás, pero
entiendan la comparación. Aparece por ahí, sin hacer demasiado ruido
y de repente te pica y desaparece pero tú te sigues rascando un buen
rato, sin poder olvidar el picotazo. Lara viene y va y no parece que
vaya a quedarse en ningún lado.
Esta entrevista lleva un año y medio
de retraso.
Lara es un personaje tan público que
no es más que un montón de expectativas y escondites. Como un cuento
de Cortázar, si se piensa. En fin, no me hagan mucho caso cuando
hablo de Lara. Exagero. A ella le molesta muchísimo, además. A veces
pienso que si su nombre hubiera tenido una vocal más, o si sus
padres hubieran visto otra película, una de Otto Preminger con Gene
Tierney, por ejemplo, yo lo hubiera pasado mucho peor.
Pero no. Lara es Lara, sea eso lo que
sea. Ella está bien y contenta y lía un cigarrillo tras otro y
asiste a lecturas en el Palacio Real y uno se pregunta si habrá
llevado allí también su bufanda verde anudada al cuello.
Lara sólo necesita tiempo, eso es
todo. Esperen y verán.

Web de Lara Moreno:
Guarda tu
amor humano
Imágenes: Lara Moreno
©
© Guillermo Ortiz López (http://www.guilleortiz.com/)
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