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ALMIAR se complace en presentaros la obra de MARÍA PITARCH, pintora en cuyas obras la luz y el color se funden, armoniosamente, al servicio de una profunda espiritualidad.
María
Pitarch Torra nace en Sabadell (Barcelona) en 1947y reside en Aragón
desde 1973. Es licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. Los profesores Ramón Sanvisens y Jaime Muxart serán quienes más la animen a buscar su propio modo de expresión. Mucho más tarde, ya licenciada, completará su formación en dibujo clásico en la prestigiosa academia de D. Alejandro Cañada, en Zaragoza.
Comienza
su carrera artística en la revista catalana "Patufet",
editada en Barcelona, en la que colabora como ilustradora y como
diseñadora de un curso de dibujo, durante los años 1968 a 1972.
A
la vez ejerce la docencia, actividad que compartirá con su dedicación
a la pintura durante largos años.
Circunstancias
personales, le harán trasladarse desde Barcelona, donde vivió
hasta los 24 años, a una ciudad del Pirineo Aragonés, donde
residirá dos décadas, antes de asentarse en Zaragoza, donde vive
actualmente. El aislamiento de su mundo cultural y la soledad
influirán mucho en su pintura posterior, ya que son terreno donde
se iniciará una profunda búsqueda espiritual, en la que tendrá
oportunidad de formarse mediante cursillos y contactos con grandes
maestros de la espiritualidad contemporánea, unos muy conocidos,
como Thony de Mello, Jacques Castermane y Nicolás Caballero, y
otros no, pero no por ello menos significativos, y cuyas enseñanzas
influirán en su pintura posterior.
Su
inquietud y curiosidad le hace probar distintos campos del quehacer
artístico: cerámica, grabado, fotografía, nuevas tecnologías. En
todos ellos tiene la oportunidad de formarse con grandes artistas,
algunos de gran prestigio en su categoría, como Fernández Chiti en
cerámica, Jesús Pastor, Monir, Mariano Rubio, Alicia Díaz y otros
en grabado, y José Ramón Alcalá en nuevas tecnologías digitales.
En
pintura, que es donde se expresa con más profundidad, su estilo se
va definiendo poco a poco en una pintura de abstracción lírica, en
la que prevalece el movimiento, gestual muchas veces, y con
frecuencia simbólica y portadora de un mensaje espiritual. Una
parte importante de su obra puede considerarse pintura religiosa o más
bien mística, ya que intenta expresar la experiencia religiosa en
un sentido ecuménico.
Esta
novedad en la expresión de la fe, llama la atención de dos
importantes entidades: la revista "Ars Sacra", que le
dedicará un artículo, y la Fundación Félix Granda, dedicada a
encontrar nuevos valores en el arte religioso contemporáneo, y que
la invita a una comunicación en un Curso de Arte Sacro.
Asimismo,
su vocación pedagógica,
la ha llevado a impartir algunos cursos y actividades en
relación con la meditación y pintura.
Es
miembro del colectivo Artymagen, de Zaragoza, principalmente
dedicado a la fotografía.
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