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Medina del Campo 2009:
Una joya entre la meseta
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Guillermo Ortiz López
Medina del Campo es
una ciudad típicamente castellana: con su frío invernal en pleno
abril, con sus campanas de iglesia, sus preparativos de Semana Santa,
su plaza mayor rodeada de restaurantes —excelente hostelería, como
suele ser habitual—, un número insólito de bares, que sin duda tiene
que ver con el frío y una semana al año en la que un montón de jóvenes
perdidos deambulan mirando sus tickets de comida.
Son los
cortometrajistas.
Y es que en Medina
del Campo hay, desde hace 22 años, uno de los más importantes
festivales de cortometrajes de España, y como quiera que España es la
gran autoridad en el corto después de EEUU, bien podemos decir que es
uno de los más importantes festivales del mundo. ¿No lo sabían? No se
preocupen: José Luis Borau, el excelente cineasta y ganador del Roel
de Honor de este año, consiguió estar en la Academia de Cine cinco
años sin enterarse, lo cual habla bien a las claras del interés de la
industria del cine por el género que más éxitos internacionales le da
a nuestro país.
Como homenaje a
Borau, el Festival emitió Furtivos, esa obra maestra del
surrealismo costumbrista de los ‘70. No fue el único largometraje que
se proyectó, ni mucho menos. Este año más que nunca, Medina ha estado
abierto a los largos, acogiendo varias primeras obras de directores en
un concurso que debería ayudarles a encontrar un distribuidor que pase
su película por cines.
No será fácil.
Sale muy barato
criticar al cine y a las subvenciones, pero lo cierto es que ese no es
el problema. El problema es la selección, es decir, quién se lleva
esas subvenciones y qué se hace con ellas. Hacer una película
mínimamente decente cuesta muchísimo dinero, muchísimo esfuerzo y
trabajo, años de completar una idea, un guión, un equipo. Semanas,
meses de rodaje y montaje y post-producción… todo para que en el 80%
de los casos esa película no se pase en cines o se pase en un cine del
lugar donde nació el productor o esté una semana en cartelera en
Madrid o Barcelona.
El mundo del cine,
a este nivel, no es fácil. Ni mucho menos. Sin subvenciones,
directamente no existiría.
Junto a la sección
oficial de cortometrajes y largometrajes, el festival ofreció varias
proyecciones paralelas de un enorme interés, perlas de festivales de
todo el año, algunas de las mejores películas extranjeras, clásicos en
blanco y negro… El trabajo de la organización, dirigida por Emiliano
Allende y Eduardo López, prodigioso. La respuesta del público,
irregular.
Entre semana, en
algunas sesiones nos juntábamos quince o veinte cinéfilos. Los fines
de semana el Auditorio Municipal podía llegar a llenarse.
No es que Medina
del Campo no vibre con su festival o no se sienta orgullosa. Lo está.
Lo intenta con todas sus fuerzas, al menos: desde el alcalde a cada
comercio donde se anuncia el cartel de la Semana de Cine. Los
entrañables miembros de la asociación ASCEDIS. Otra cosa es que uno
vea que a veces sencillamente no lo consiguen, que es muy difícil
cambiar por completo el ritmo de un año en una semana y ponerse a ver
películas como locos. Tres al día. Con sus cortos respectivos de
previo.
Pero, por ejemplo,
llega el día de la Clausura y está todo el mundo ahí. Sábado a las 8,
así cualquiera. No importa que el Valladolid esté jugando contra el
Barcelona o el Madrid vaya a jugar después contra el Málaga. Están ahí
para ver ese pequeño circo ambulante que son los cortometrajistas: el
viernes en Segovia, el sábado en Medina, la semana que viene en…
¿quién sabe?
Ya hemos dicho
antes que hacer cine no es fácil. Casi nadie vive de esto. Todos
tenemos nuestros trabajos aparte, más o menos audiovisuales, y esta es
una cuestión de entusiasmo y voluntad. Sin entusiasmo y voluntad no
tendría ningún sentido. Por dinero, desde luego, no merecería la pena.
Así que la gente
está ahí para ver un montón de caras desconocidas pero que saben que
forman parte de un mundo que no es el suyo, y eso siempre atrae:
Esteban Crespo se lleva el primer premio (el del público) con su
prodigioso corto Lala. El Jurado premia a The End, de
Edu Chapero-Jackson y Él nunca lo haría, de Arnatz Zuazua, una
agria comedia sobre el exagerado valor que tiene la juventud en
nuestra sociedad.
Los chicos de
Pulsiones, el divertidísimo corto de José Manuel Carrasco, se
llevan el premio compartido a mejor actor. Rocío Monteagudo se lleva
el de mejor actriz por La Tama. La mejor dirección, para Andoni
de Carlos y Asier Urbieta, por Pim, pam, pum, una arriesgada
historia de borrokas y niños en San Sebastián. Mejor documental para
Doppelgänger, de Óscar de Julián, y el resto casi mejor lo
miran
aquí.
Me quedo con dos
nombres por encima del resto: por su juventud y su talento. Se trata
de Fran Araújo y Manuel Burque. Presentaban a concurso un corto
llamado Quid pro quo, con las soberbias actuaciones —es lo
habitual— de Natalia Mateo y Luis Callejo, pero lo mejor estaba por
venir: otro de los múltiples concursos de Medina consiste en rodar un
cortometraje con un tema dado en un fin de semana. Sólo un fin de
semana y en la propia Medina. Burque y Araújo hicieron un trabajo
soberbio, divertidísimo, ágil, con grandes diálogos… pensar que pueden
hacer eso en 24 horas invita a pensar en muchas más cosas.
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Guillermo Ortiz López,
coordina la sección de cine de Almiar
(Páginas web: http://www.guilleortiz.com/
-
http://bretguille.blogspot.com/)
Web de la
Semana de Cine de Medina del Campo:
http://www.medinafilmfestival.com/
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