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La primera vez que pensé
en una influencia de Álex de la Iglesia sobre Quentin Tarantino -por extraño
que pueda parecer- fue al ver "Asesinos Natos". El guión está co-firmado por el
director estadounidense, y, si el lector recuerda la película, tiene una serie
de escenas en las que un reportero retransmite en directo la huída de la pareja
protagonista. Cuando lo vi pensé inmediatamente en una secuencia semejante de
"Acción Mutante", primera película del cineasta vasco y que, muy posiblemente,
llegara a los ojos de Tarantino en algún momento, siendo como es, un amante de
la "serie Z". Por eso no es de extrañar que "Fu- Manchú" sea el proyecto más
esperado de Alex de la Iglesia y que el bueno de Quentin se le haya adelantado.
Porque
"Kill Bill" es básicamente una adaptación de esa saga y de otras del estilo.
Peleas, buenos y malos, chorros de sangre, chicas guapas con trajes ceñidos.
Echando la vista atrás a "Pulp Fiction", allí ya Uma Thurman hablaba del piloto
de una serie que había protagonizado y que se parecía mucho a "Los Ángeles de
Charlie". Esta podría ser una película sobre esa serie. La pretensión estética
está clara desde el principio, con un feísmo buscado, unas escenas imposibles,
algunos diálogos impostados... en el fondo no es más que una parodia, un chiste,
la recreación de los sueños de infancia del director. Infancia que, por lo que
vemos, ha debido de ser muy dura.
Realmente hay poco que reprocharle a Tarantino, un director
que parece estar bastante de vuelta de todo y que si sigue haciendo películas es
para divertirse. No me cabe la menor duda de que se lo ha pasado bomba,
recopilando escenas de películas de los 70, releyendo páginas de cómic, buscando
material interesante. Le imagino registrando su videoteca y derrochando ilusión
con sus productores. Por eso es complicado criticar esta película, porque es
casi la película de un niño sin más pretensión que entretenerse. A veces parece
que estemos en una secuela de Matrix (esas peleas de uno contra cien con artes
marciales), otras en una película manga, con su exageración, su toque "gore", y
por supuesto todo el rato parece que estemos en un video-clip, pero eso ya es
habitual en el director. Aún diría más: parece el último vídeo de Britney Spears,
y que cada uno saque sus conclusiones.
En resumen: "Kill Bill" es una película que pretende recrear
sólo una estética. La de la serie Z americana de los 50’, 60’ y, sobre todo, 70’.
Es decir, la parte más alocada de la "cultura pop". Tiene muchos de los toques
geniales del director: movimientos de cámara, diálogos, una soberbia elección de
la banda sonora... pero muy poco detrás de esa fachada. Si "Pulp Fiction" ya
pretendía ser un elogio del cómic, como su propio nombre indicaba, no es que
esta película nos aporte mucho más.
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No podemos esperar grandes cambios en la
segunda entrega (estamos hablando del volumen uno y sin duda habrá un volumen dos con Darryl
Hannah y David Carradine), y, desde luego, al que le guste la acción alocada,
con un puntito de ironía y buena música, ya sabe qué película ir a ver. Lo que
nos preocupa de alguna manera es si Tarantino algún día saldrá de este círculo
solipsista de comics- series- fetiches y nos contará alguna otra cosa. No tiene
pinta, porque parece muy conformista con su propio trabajo, pero sería agradable
verlo algún día.
Con Álex de la Iglesia ya hemos perdido la esperanza.
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