La larga agonía del cine
ÓSCAR PORTELA

 

     ¿Sabía usted, que en el año 2000, en un cine del Vaticano, se proyectó especialmente un «Quo Vadis»  el clásico de Sienkewich, filmado silenciosamente (o amordazado por la industria) del inmenso polaco Jerzy Kawalerowicz, el director de «Madre Joanna de los Angeles»?
    
     Les digo, yo no lo sabía y no me avergüenza decirlo. Esto no hace sino poner de relieve lo que muchos saben : que el consumo de los productos del arte, para la economía de mercado, no son digeribles, cuando un Spielberg, pasa a ser un director de la talla de Orson Welles o Bergman. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que Pasolini filmara y escribiera
«Teorema»? El mensaje más allá de lo ideológico,es más actual hoy que cuando se la estrenó. El cine del Este, mudo o maniatado, el arte Europeo amurallado a pesar de que Chabrol siga filmando: alguien dijo que de todas las Artes, el cine es el más largo camino hacia el martirologio: sólo se debe estudiar la carrera de uno de los genios del siglo, Erich Von Stronheim, cuya «Avaricia» y su «Reina Kelly» obras maestras, fueron reducidas a polvo por el mercado en la década de los treinta, cuando iba a comenzar a regir el Código Hays.

     Cuando Luchino Visconti
preso durante la dictadura mussoliniana, filmó su «Ludwig», ya en los '80, sometido a la dictadura del mercantilismo del cine norteamericano, sintió que era prácticamente reducido a cero: no reconoció el film comercializado como suyo. A Welles, enviado por la cancillería yanki a Brasil en carácter de Embajador Cultural, para realizar un filme comercial sobre el país vecino (que absurdo), le pasó algo peor: realizó una tomografía sobre la América profunda, e Itamaratí reaccionó prestamente: fue rápidamente enviado a Estados Unidos nuevamente con todo lo filmado, casi definitivamente perdido.

     Pero estos cuentos son solo
«anécdotas»: el cine norteamericano, a pesar de su indeclinable decadencia, supo defenderse de los McCarthy y realizar clásicos comprometidos, en cualquier momento, desde «La loba» de Wyler, a «Las uvas de la ira». de John Ford..., lo que sólo se permite en ciertos países libremente hoy: véase los films ingleses de Loach, u obras como «Esta tierra es mía» y «En el nombre del padre».

     Existen gritos desesperados de países que no logran articular una industria, desde Macedonia a Irán, desde Cuba a México y Brasil: así, se pueden ver obras maestras como
«Amores perros» (México), «La Virgen de los Sicarios» (aunque su director sea norteamericano) o «Estación Central», del Brasil. Ahí está la poesía de la imagen en movimiento, en estos films el alma vuelve a  mirarse a sí misma, como alguna vez la miró ese Bosco del cine que fue Dreyer.

     Mientras las remakes, las superproducciones infantiles que imitan las paginas de Billiken abundan, y se reiteran temas hasta el cansancio
la psicosis yanky, denunciada por Moore, pero sabida desde hace mucho, el cine canadiense, produce films de calidad, y mientras existan ojos, escritores y cámaras que puedan apoyarse sobre la tierra y sus delirios, y filmar los sueños del gran Tarkovski, o de Fellini, el cine obviamente no estará perdido, aunque los videos-games y los artificios de la computación, reduzcan el mensaje de la imagen, al horror vacuí de quien no tiene nada que decir: Todd Haynes, no logró estrenar en cines, durante el 2004, su film más elogiado. Un melodrama que desenmascara la hipocresía de una sociedad, y sus tabúes y tampoco, nadie se atrevió a pasar esta cinta ni tan siquiera por tv.
 

 

 

 

 

 

La actriz Silvana Mangano, en una escena de "Teorema"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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OSCAR PORTELA, nacido en la provincia de Corrientes (Argentina), es escritor y ensayista. Ha publicado, entre otros títulos, Senderos en el bosque; Los nuevos asilos; Memorial de Corrientes; La memoria de Láquesis y Claroscuro.


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