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LA FIGURA DEL JARDÍN EN LA NARRATIVA DE JOSÉ DONOSO __________________________________ Beatriz Zaplana Bebia
El
sentimiento de soledad, nostalgia de un cuerpo del que fuimos arrancados, es
nostalgia de espacio. Según
la concepción muy antigua y que se encuentra en casi todos los pueblos, ese
espacio no es otro que el centro del mundo, el “ombligo” del universo (...).
Casi todos los ritos de fundación, de ciudades o de mansiones, aluden a la
búsqueda de ese centro sagrado del que fuimos expulsados (...). La costumbre
de dar una vuelta a la casa o a la ciudad antes de atravesar sus puertas,
tiene el mismo origen.
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La casa es un primer punto referencial en el espacio ficcional de José Donoso. Se parte de este centro para motivar la orientación metódica del lugar doméstico, lo cual se establece desde la premisa de la concentricidad laberíntica en el universo novelístico donosiano [2]. Este primer punto irradia circularidades englobándolo como núcleo principal [3], siendo a su vez éstas las que configuran un “todo” dentro del imaginario literario; una cosmología compacta adquiriendo independencia en su mismidad. Al partir de la casa como lugar primero de emanación espacial, se halla su perfil en la figura del jardín, el cual conlleva la partición interior y exterior. Siendo el hogar una proyección totalmente íntima, el jardín se encuentra en la disyuntiva de acompañar a la casa como ámbito subordinado a ella y a su vez reflejando su propia re-presentación exterior. El trámite intermedio que supone éste con respecto a la “inmensidad” en el “afuera”, establece un segundo grado de interiorización espacial con respecto a los habitantes.
El topos jardín sitúa a la casa en un punto
determinado, es el primer estadío de centralización. Tras una primera y
somera ubicación, este lugar tan próximo a la “intimidad” se verá
contaminado por muchos de los valores sentimentales que ya fueron
proyectados sobre el primer espacio de la casa. Aún así, algunas de estas
imágenes se encontrarán pervertidas por la influencia de los lugares
colindantes; el “afuera” (del cual es separado bruscamente el jardín para
ser sometido a otro grado espacial), y las vías comunicativas casa-jardín
(las ventanas, puertas, establecen vínculos entre ambos ambientes pero a su
vez los separan física y emocionalmente del campo de lo “otro”, el más allá
con respecto a la casa-prisión). El hogar recoge la interioridad emocional
propia a los moradores, su exterior más inminente se visiona sobre él
contaminándose por la percepción sensorial del jardín, creando lazos de
perspectivas, miradas... |
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![]() Donoso, a principios de los '70
Bachelard
vierte muchas de estas impresiones sobre una concepción espacial que renace
en los valores íntimos. La interioridad y la exterioridad se determinan
desde una concepción privada de “inmensidad”
[4].
El estadío del ensueño como realidad en la evocación ancestral conforma al
espacio en la interioridad junto el recuerdo; la inmensidad, la grandeza,
adquieren dimensiones proyectadas sobre el sempiterno de la otra parte
[5],
dando al sentimiento nostálgico unas magnitudes sin límites. La memoria se
convierte entonces en el último reducto de la infinitud del ser. |
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![]() Fotografía: Pedro M. Martínez© Los límites que impiden el uso excesivo de la “ensoñación feliz”, inmiscuidos por Donoso entre el pasado idílico y el presente, convierten al jardín en un símbolo no predecible por la definición del “locus amoenus”; los personajes acusarán sobre sus hombros el exilio permanente y el sentimiento desarraigante, recordando una retrospectiva felicidad desde una tierra extraña. Los acontecimientos derrumbarán la profundidad nostálgica al intentar que la distancia temporal quede apresada en su pretérito sin contaminar la realidad cotidiana del presente vivido. Éstas barreras en la ficción donosiana vienen dadas en la imagen de las ventanas y las puertas. Así se impone nuevamente el distanciamiento de la realidad objetiva, la separación del “afuera” o de “al lado”. El “otro” es observado o nos escruta transgrediendo la transparencia (en ocasiones ficticia) de los cristales [9], mientras que la puerta simboliza una restricción mayor clausurando u ocultando la mismidad privada [10]. La casa queda protegida desde su segunda concentricidad en la disyuntiva de “lo propio” vs. “lo ajeno”. Otro elemento traído a colación por Propp es el “aprisionamiento” que supone tal lugar (y en el cual se ha insistido varias ocasiones, certificando la concentricidad del encierro doméstico), la superación de barreras para conocer el afuera y la obstrucción del elemento extraño, sin opción a adentrarse en la interioridad. El jardín es otro límite que conserva la privacidad de la casa, amortiguando la entrada del temido exterior; el cual se encontrará configurado por símbolos míticos, invadiendo tanto la espacialidad privada del “yo- casa” como el “yo-cuerpo”, creados en las figuras tabú del devoramiento caníbal: la antropofagia. Por tanto, se observa en un inicio del análisis topológico que este segundo espacio circunda la casa, la protege de “lo otro” en primera instancia y se comunican mediante elementos de transición como lo pueden ser puertas (mayor resistencia) y ventanas (visión líquida del exterior). Aún así, la simbología en este ambiente llega mucho más allá para Donoso [11]. El jardín es elaborado con elementos pertenecientes propiamente al “afuera” pero sometidos para estructurar el universo doméstico. La naturaleza artificial, sometida, que supone el jardín, remite a un deseo de elaborar en él los deseos y restricciones de los moradores. Cirlot define el símbolo del jardín como un ámbito en que la naturaleza aparece sometida, ordenada, seleccionada, cercada, constituye un símbolo de la conciencia frente a la selva (inconsciente) [12]. Los personajes donosianos efectúan tal dominación a modo de demostrar su soberanía frente al otro que habita “el lado de allá”. Así delimitan su espacio y controlan lo circundado tras las lanzas, sometiéndolo a su poder, control y orden establecidos. El jardín será de un modo u otro el último ámbito ordenado, restringiéndolo mediante leyes creadas por los que moran el centro espacial. El control es el principio regidor del comportamiento en los límites, pero la vía de escape a la rectitud originaria se elabora en los mismos perfiles, es decir, los personajes viven sin cuestionamientos prioritarios los discursos de autoridad, pero la “inmensidad” del “otro lado” se filtra soterradamente en lo sometido. Los habitantes proyectan sobre el jardín emociones como la libertad y los ensueños de rescate dentro de la sumisión del orden. La naturaleza (aunque subordinada aún a este espacio) conserva tintes mitológicos [13] que refieren al Paraíso del Edén. Los monstruos de La Rinconada viven en el jardín la perfección de sus formas en el estado original de Adán y Eva: la desnudez. Su castigo no será comer la manzana pero sí (como el árbol origen del fruto) el conocimiento; Boy no debe percibir nada existente fuera del parque idílico. Cuando al fin todo es descubierto, el paraíso ficticio desaparecerá y todos los monstruos serán “expulsados” del lugar para retornar a sus vidas anteriores, al dolor del rechazo [14]. . |
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Fernando Ainsa, en su estudio acerca de El jardín de al lado, aporta dos visiones que integran acertadamente las perspectivas sobre el jardín: el jardín-cuadro; visto desde la ventana situada dentro de la casa, rememoración de lo ya vivido. El trompè l’oeil (simulación tridimensional) destruye la perspectiva en lo real. El jardín-espejo reflejo del ser y el no-ser devuelve a los que se aproximan una imagen deformada por el tiempo y el destierro. Julio Méndez es el personaje más cercano a las proyecciones nostálgicas vertidas en el jardín-texto. Vive sus frustraciones en los “otros” pobladores de “al lado”, lo ajeno. El exilio es la piedra de toque en la rememoración del hogar chileno abandonado. Los otros viven la felicidad y la sexualidad que Julio Méndez está perdiendo y desea “devorar” de sus vecinos. El jardín purifica, a través de la ventana, su conciencia interior castigada por el silencio y la enfermedad. El espacio se convierte entonces en el topos inconcluso de los recuerdos. El tiempo que abarca el jardín se inmoviliza en la insistencia de una prisión que se cierra sobre él: Cuando recuerdas la Casa vieja que es, por definición, como todo lo del pasado, mejor y más valiosa que lo nuevo, lo primero que recuerdas siempre es su espacio y su visión desde la ventana. Entonces, desde lejos, tus vecinos empiezan a salir, personajes de tu infancia y de la época de la escuela, los primeros amores y frustraciones, los primeros triunfos... Ése debe de ser un rincón de la Casa donde reina la señora Pasado... [19] |
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NOTAS:
[1] Octavio Paz. El laberinto de la soledad. Cátedra. Madrid. 1993. p. 356.
[2]
Yo siempre he sentido que el espacio literario de Donoso – todos los
escritores tienen un espacio literario predilecto- es una casa vieja. En
la literatura de juventud de Pepe, en Coronación, en los cuentos de
Veraneo, siempre hay una casa vieja, con las paredes más o menos
deterioradas, con manchas de humedad, con goteras, con muchos animales,
con muchos niños, con un servicio doméstico vagabundo que se mueve como
por el patio del fondo, con muchos ancianos, con muchos juegos, con
laberintos, con ciertos enigmas, misterios y sorpresas. Son unas casas
llenas de desvanes que siempre guardan alguna sorpresa para el personaje
y, sobretodo, para el lector. José Donoso.
Joaquín Marco (coord.). AECI. Ediciones de Cultura Hispánica.
Madrid. 1997. Jorge
Edwards. Lunes, 28 de
Noviembre: ‘José Donoso, actor y testigo del Boom.’ p. 36.
[3]
...todo universo se encierra en unas curvas; todo universo se
concentra en un núcleo, en un germen, en un centro dinamizado.
Gaston Bachelard. La Poética del Espacio. ED. Fondo de Cultura
Económica. Méjico. 1965. p. 194.
[4]
Cf. Gaston Bachelard, op. cit., Capítulo VII. La
inmensidad íntima.
[5]
Ibíd., p. 220.
[6]
Ibíd., p. 222.
[7]
Vladimir Propp. Las raíces históricas
del cuento. Editorial Fundamentos. Madrid.
1974. pp. 76, 77.
[8]
Jorge Luis Borges. El
Tiempo en Obras Completas IV. ED. Emecé. 1996. p. 199,200.
[9]
Recuerda este punto a Henry James al respecto de su visión de la
perspectiva ficcional desde la mirada de las ventanas y su cuento o
novela breve Otra vuelta de tuerca, donde lo extraño, lo
maravilloso, se asoma a la privacidad de la casa por medio de la
mirada a través de la ventana en el jardín y atestigua toda una
poética espacial de lo fantástico: Desde el leve sobresalto de la
noche en que reconocí, estando yo en el rellano de la escalera, la
presencia de una mujer sentada en el primer peldaño, nada había
visto, dentro o fuera de la casa, que hubiera preferido no ver.
Esperé en más de un rincón encontrarme con Quint, y pensé que muchas
ocasiones –por parecerme, en cierto sentido, meramente siniestras-
debían favorecer la aparición de la señora Jessel. El verano había
avanzado (...) Había condiciones exactas en la atmósfera, matices de
sonido y de quietud, impresiones indecibles de la especie de
aquellas que anuncian el momento que me retrotraían a ese estado de
médium durante el cual vi a Quint por primera vez, mientras yo
paseaba por el jardín en una tarde de Junio, y también a los
instantes en los que busqué vanamente, entre un círculo de arbustos,
después de observarlo escudriñar por la ventana. Reconocía el
momento, el lugar. Pero unos y otros continuaban vacíos, inanimados,
y yo continuaba indemne, si puede considerarse indemne una muchacha
cuya sensibilidad ha sido aguzada del modo más extraordinario.
Henry James. Otra vuelta de tuerca.. Ediciones Siruela.
Madrid. 1995 (traducción de José Bianco). pp. 121,122.
[10]
Cf. Gonzalo Abril.
Puertas. Revista de Occidente.
Julio-Agosto. nº 170-171. 1995. Pp. 75-97.
[11]
Cf. Fernando Ainsa. ¿Representación o espejo?: Los espacios
ensalzados en El jardín de al lado de José Donoso en
ALPHA (Revista de Artes, Letras y Filosofía. Universidad de los
Lagos-Osorno-X Región-Chile), nº 10, 1994, pp. 5-18.
[12]
Juan-Eduardo Cirlot. Diccionario de símbolos. Labor.
Barcelona. 1982. p. 258.
[13]
Northorp Frye. Poderosas Palabras. Muchnik Editores.
Barcelona. 1996. (Segunda variación: el jardín. pp. 243-288).
[14]
En este punto se puede establecer un paralelismo cinematográfico. La
recreación de La Rinconada como el Paraíso del Edén (bíblico)
compuesto esta vez por los obscenos inquilinos monstruosos, es
similar en contenido a la recreación que hace Buñuel de la última
cena, recreando a los apóstoles y Jesucristo en las figuras
degradadas de los mendigos, en su película Viridiana.
[15]
Sergio Holas Véliz. Racionalidad e imaginación.
Transposiciones del cuerpo y de la mente en los cuentos de José
Donoso. Editorial Pliegos. Madrid. 2001. p. 244
[16]
Traemos aquí a colación el cuento de Cortázar “Axolotl”.
[17] José
Donoso. Este domingo. Seix Barral. 1989. p. 12.
[18]
Ibíd., p. 14, 15
[19]
Velimir Curgus Kazimir. Casas en Diccionario de los
vientos. Galaxia Gutenberg. Barcelona. 2001. p. 105, 106.
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BEATRIZ ZAPLANA
es Licenciada en Filología Hispánica
por la
Universidad de Murcia.