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ALGO MÁS QUE PALABRAS
por
Víctor Corcoba Herrero
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Víctor
Corcoba es un escritor que vive en Granada; licenciado en Derecho y
Diplomado en Profesorado de E.G.B, tiene varios libros publicados.
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Identidades con
entidad
De la manera en que se respeten las raíces y
las identidades propias de los pueblos, depositarios de una manera de
ser y de vivir, dependerá la convivencia futura en el mundo. Jamás
crecerá la armonía en las tierras asaltadas, sorteadas, invadidas por
los fuegos del poder. Las ideas no se persiguen, tampoco se podan. Hay
que dejarlas correr como el aire y que sea la vida quién las avive o las
apague. Los trágicos momentos actuales que vivimos en todo el
planetario, unos desde la abundancia y otros desde la escasez, deben
hacernos recapacitar, y en vez de citarnos con la fuerza del odio,
convendría desarrollar una cultura de diálogo entre las distintas y
dispares civilizaciones, compartiendo lo bueno de todas ellas.
A veces, la falta de una
verdadera voluntad política de las grandes potencias mundiales por
resolver los problemas sociales, ocasiona rabias contenidas y dientes
apretados. Se necesita pensar globalmente, sobre todo a golpe de
corazón. Actuar con prudencia (la madre de toda ciencia viva) y
escuchar. Que los pueblos se pueblen de libertad. La respuesta a tantos
desajustes está en el verso, en el del amor de amar amor. Eso no cambia.
Los labios incandescentes de la ternura siempre fraternizan, son
saludables y generan felicidad. Ahora bien, en vista de lo visto, de las
violentas atmósferas, necesitamos educadores que nos instruyan en el
afecto, para encontrar las correspondencias entre todos los elementos
del universo, de modo que uno pueda modular la tonalidad de su vida y
estar en armonía absoluta con los demás y con cuanto lo rodea. Hemos de
poner en orden los diversos tonos con los timbres de voz, y que la voz
sea oída sin hogueras. La cátedra de la historia es una acertada
brújula.
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ADDA NARI Y LA TRINIDAD
(Acuarela de Manuel Lozano - 2002) |
Sin embargo, olvidamos las raíces. Lo pasado es pesado. Y eso no
es bueno. Profundizar en nuestros progenitores, siempre nos
ayudará a reencontrarnos en nosotros mismos. Una noticia reciente
refrenda lo que digo. El Museo Picasso de Málaga
«es una historia
de amor», afirman los herederos. Es cierto. Son testimonios del
tiempo y para el tiempo, que nos hacen pensar. A pesar de sus
lecciones, vivimos tiempos de ruptura. |
De pronto, la
sabiduría de las viejas glorias, nada nos dice. Lo antiguo no vale la
pena. Y así, con esta menestra de despropósitos, no es posible
universalizarse, sin distinción de raza, credo o color; ni tampoco
promover el estudio comparativo de la religión, la filosofía y la
ciencia; y menos investigar las leyes desconocidas de la naturaleza y
los poderes latentes del ser humano de todos los mundos y entornos. Bajo
estos egoísmos se producen fanatismos irracionales y salvajadas que nos
torturan y atormentan. Así no es viable, unirse en comunión, ni
unificarse en comunidad, ni sustanciar la convivencia de los unos con (y
no contra) los otros.
Habría que fusionar
humanidades y espacios, en plan sincero, sin tantos planes
individualistas y politicastros, que nos dividen, para comprendernos
mejor. Que nadie quede fuera de la vida. La racionalidad tiene la
ventaja de la generosa generalidad universalista, del diálogo verdadero.
Es sumamente importante comprobar las credenciales de las personas,
grupos e instituciones que pretenden ofrecer orientación e información
sobre los nuevos tiempos venideros. No nos den gato por liebre.
Convendría activar campañas de promoción del respeto a la diversidad y
diferencia. El cuidado ecológico del ser humano como del medio ambiente,
es una señal que nos dona sosiego. Tal vez la medida más sencilla, la
más obvia y coherente que hemos de tomar, sea la de entusiasmarse con
los anales de nuestra genealogía. Las grandes historias son depositarias
de ricas tradiciones de meditación y espiritualidad, que pueden
ayudarnos a tomar la orientación debida frente a un caos que nos
enemista. La receta de Amado Nervo, tomada en silencio y soledad, nos
ayuda a habitar más en el ser para los demás: «Si vivir sólo es soñar /
hagamos el bien soñando. / Sueña que vives amando, / que es tu solo fin
amar / y sueña que, sin cesar, / vas los bienes derramando».
Sin duda, del respeto a
lo que fuimos y a lo que somos, depende el maridaje. Toda vida, —toda
existencia— es la manifestación de un latido que hemos de atender y
entender. Desde luego, somos conjuntamente responsables del estado de
nuestro propio yo, de nuestro entorno y de toda vida. Enraizados en
nuestra propia cultura, pero siempre abiertos a otros cultivos, como
buscadores de nuevos horizontes pacificadores, hemos de caminar bajo las
señales del fervor a los Derechos Humanos. Nos conviene a todos los
pobladores del planetario. El establecimiento de un gobierno mundial
será como esa vid que, racimo a racimo, sacia la sed de justicia del
justo ajusticiado, del humilde explotado, del sincero amortajado, del
niño adulterado. Por tantos nardos enlutados, yo te nombro, ¡armonía!
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