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Algo más que palabras
por Víctor Corcoba Herrero
El diálogo como
necesidad de vida
El diálogo siempre es algo saludable. Lo es la
lectura de un buen libro que nos habla a la par que el corazón contesta. También
lo es un abrazo que cobija y un beso que acaricia. Tiene un aire de
espiritualidad. Es como un soplo de necesidad, un retorno al corazón de Dios. No
siempre es fácil, ni está exento de sufrimiento. Incomprensiones y prejuicios
pueden surgir en el camino hacia cualquier acuerdo de bien común. La plática
cuando germina de una verdadera sensibilidad suele tener en cuenta estas
situaciones y proporcionar motivaciones esperanzadoras. Una mano tendida,
pienso, que nunca debe rechazarse.
Considero, pues, estimable poner todo el esfuerzo
posible en comprenderse. Siempre será una buena noticia hacer pública la
voluntad de no matar, por ejemplo. El alto el fuego permanente
de la banda
terrorista ETA, en este sentido, tiene esa luz de esperanza que a todos nos
congratula. Luego habrá que tomar todos los tiempos debidos para calmar
heridas y todas las cautelas necesarias. Lo de borrón y cuenta nueva resulta
complicado cuando tras de sí hay una negra estela de dolor. Los olvidos y
desmemorias tampoco son convenientes. A mi juicio, hace bien el presidente del
Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, de tomar el aliento necesario y
de anunciar que si se dan las condiciones, comparecerá en el Parlamento antes
del verano. Lo favorable, en cualquier caso, siempre será poner los
derechos del ser humano en el centro del parlamento de la vida.
Trabajar para aliviar las congojas y construir
juntos un pueblo justo y armonioso, aparte de ser una responsabilidad de todo
ciudadano, exige además de un diálogo sincero. La defensa de los valores humanos
hay que ponerlos a salvo para toda persona, aunque piense distinto a nosotros,
practique otra religión o provenga de otras culturas. Aunque es imperativo para
la comunidad internacional fomentar buenas relaciones entre los pueblos y poner
orden en que se cumpla la ley, que no es otra que la del amor, todos hemos de
contribuir a favorecer relaciones caracterizadas por la apertura y la confianza,
e impulsar la paz y el interés común por el bienestar de toda la nación.
En cualquier caso, soy de los que piensan que la
seguridad ciudadana, a veces, proviene más que de tener una legión de leyes
penales para todo, de estar abierto a todas las preguntas con la sensatez como
respuesta de diálogo. Será necesario esforzarse por buscar con paciencia, el espíritu que nos
fraternice. Eso sólo se consigue con el amor a la verdad. Lo demás es accesorio.
Y la mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una
verdadera violencia hecha a los demás. Estar abiertos al diálogo, en consecuencia, significa ser
plenamente coherentes con la autenticidad. Para ello, hay que tener la
valentía y la fuerza precisa, para unir
justicia, amor y libertad como verdaderos pilares de armonía. Lo que
también necesita tiempo al tiempo.
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Víctor
Corcoba es un escritor que vive en Granada; licenciado en
Derecho y Diplomado en Profesorado de E.G.B, tiene varios libros publicados.

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