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Algo más que palabras
por Víctor Corcoba Herrero

Animaladas del hombre
a los animales
El abuso está a la orden del día. Traspasar los
límites de lo humano, de lo racional razonable, como está ocurriendo
habitualmente con los animales, es una verdadera animalada. Sabemos, aunque sólo
sea por conciencia innata, o sea por ley natural, que actúa contrario a la
dignidad humana aquel que hace sufrir inútilmente a los animales, maltratándolos
por divertimento. Por el contrario, también resulta en cierta manera indigno
invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los seres
humanos. Se puede amar a los animales, se ha de amarlos; pero no se debe desviar
hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos, por mucha compañía
que nos hagan. El ser humano es lo primero y debe ser lo primario; puesto que,
por encima de su condición biológica, el hombre está llamado a abrirse por el
conocimiento a nuevas realidades. También los animales conocen, pero sólo
aquellas cosas que les interesan para su vida biológica. A diferencia de ellos,
el hombre tiene sed de conocimiento del infinito. Sin embargo, a poco que
paseemos la vista por la realidad, vemos un mundo crecido de salvajadas, que nos
hace preguntarnos: ¿cuál es la diferencia entre el hombre y el animal? Si luego,
además, tenemos en cuenta que ciertos animales irracionales reflejan una
variedad de inclinaciones humanas: la zorra, por ejemplo, expresa la perfidia
humana; la serpiente, a los que hieren a sus amigos con dardos venenosos; el
caballo que relincha, a jóvenes voluptuosos, o la mismísima hormiga diligente
sirve para estimular al negligente y al perezoso, la perplejidad nos sobrecoge.
El asombro de ver cómo tradiciones ancestrales en
los que se hace sufrir a los animales persisten aún vivas, también nos hace
dudar sobre el avance del conocimiento humano. Todo lo que mueve dinero, y a
veces mucho caudal, sigue siendo el rey de la selva. No importa el mundo de las
ideas ni del pensamiento. Esos veinte minutos a los que se somete un bello
animal hasta convertirlo en una albóndiga sangrante ante un público alborozado,
que dijo Manuel Vicent, a mí me parece que sigue siendo una clara prueba de
maltrato animal, aunque algunos pretendan identificarnos la salvaje escena con
el arte.
La
escenografía de animaladas es de lo más variopinta. Animales que los atan para
que se mueran de hambre, los tiran por un peñasco o los ponen a luchar entre sí
hasta que se despedazan, son manifiestas evidencias despreciativas del hombre
por los animales. En relación a este aluvión de maltratos, sangrante hasta la
saciedad, porque se hace sufrir a los animales como regodeo humano, parece que
se puede abrir una ventana a la esperanza, sobre todo si leemos el programa
electoral 2008 del partido en el gobierno actual, donde se incluye entre sus
realizaciones la elaboración de una Ley Marco de Protección Animal. Asimismo,
piensa modificar los artículos del Código Penal referidos al maltrato de los
animales con el objetivo de facilitar la ejecución de las sentencias y el
cumplimiento de las condenas. Desde luego es más que necesario poner en orden
normas legislativas actuales para todas las comunidades autónomas, capaces de
frenar el incremento de animaladas del hombre para con los animales, en el marco
de los principios, bases y directrices fijados por una ley estatal. La situación
no es para menos. No puede haber vacío legal y las penas han de cumplirse caiga
quien caiga.
En este siglo parece que el atropello se ha
avivado. La crueldad del ser humano, contra sí y contra los demás, incluyendo
los animales, campea a sus anchas. Ofensas, injurias, humillaciones, golpes
bajos, desprecios, violencias…, se reproducen como las cucarachas. La última
animalada de los nuevos tiempos es la clonación de animales con fines
comerciales. A propósito, nos alegra que la Eurocámara se haya pronunciado al
respecto marcando las líneas directrices de la nueva estrategia comunitaria de
salud de los animales destinados a la producción de alimentos, y que los
diputados hayan sido tajantes a la hora de opinar sobre la citada clonación
diciendo que debería estar prohibida. La investigación sobre la clonación tiene
un espacio abierto en el reino vegetal y animal, siempre que sea necesaria o
verdaderamente útil para el hombre o los demás seres vivos, pero jamás ha de
tenerlo como negocio. Es cierto que los animales están al servicio del ser
humano y que pueden ser objeto de experimentos, pero esto no nos da ningún
derecho al abuso. De aquí que la disminución de los experimentos en animales,
que se van haciendo cada vez menos necesarios, entiendo que debe ser una
realidad.
Con tantos maltratadores de animales en escena, la
verdad que el bienestar de los animales corre serio peligro. Hay varios desafíos
que afrontar: ¿Cómo actuar contra los que se divierten maltratando a los
animales? ¿Cómo cambiar la sociedad y alguna de sus tradiciones salvajes? ¿Cómo
aplicar líneas directrices en la granja? ¿Cómo puede medirse objetivamente el
estrés de los animales? ¿Cómo pueden establecerse normas internacionales con
bases científicas?... Son tantas preguntas y tan pocas respuestas sociales, que
se me entristece el alma. Quizás la respuesta habría que abordarla sumando
fuerzas unos y otros, los poderes y el pueblo, las organizaciones e
instituciones, las diversas naciones y el mundo entero. El abandono de animales,
la muerte como divertimento, la comercialización de especies exóticas, todo lo
que tiene que ver con el sufrimiento de la bestia, aumenta en gran medida por la
bestialidad humana. ¿Cómo frenarla? Cuando se pierde toda ética —ya lo dijo
Camus— el hombre es una bestia salvaje soltada a este mundo. Lo que se ha dicho
siempre de que el medio más seguro para valorar el grado de educación de una
sociedad y de una persona consiste en estudiar la manera cómo consideran a los
animales, nos da idea de nuestra actitud camaleónica en vez de humana. Algo que
habría que ir corrigiendo desde las escuelas. No hay otro modo de llegar a la
raíz del problema. Sobrarían las leyes.
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Víctor
Corcoba es un escritor que vive en Granada; licenciado en
Derecho y Diplomado en Profesorado de E.G.B, tiene varios libros publicados.
Fotografías del artículo: Pedro M. Martínez

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