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CONDUCIR POR NOSOTROS. LEGISLAR PARA LA VIDA, O GANAR DINERO
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Miguel
Sampayo Cordero
La siniestralidad en nuestras
carreteras es una lacra terrible, siendo la irresponsabilidad de muchos de
nosotros, como conductores, la principal causa.
Sin embargo, me gustaría
resaltar que la actitud de la administración en lo que se refiere a los
accidentes de tráfico siempre ha sido hipócrita. Los gobiernos central,
autonómicos y locales están mucho más interesados en recaudar y echarnos la
culpa de sus errores que en nuestra seguridad.
Las infraestructuras viarias
en este país son deplorables. No es de extrañar que la mayoría de siniestros en
el mes de agosto
se
hayan producido en tramos de carreteras secundarias. Quienes ten-gan la desgracia
de circular por ellas habrán podido comprobar el interés real que ponen las
administraciones en que circulemos con seguridad: señales ocultas tras la
arboleda, señales ocultas tras otras señales, desvíos señalizados después del
desvío, socavones en la calzada, líneas desdibujadas o inexistentes, curvas y
rectas mal diseñadas y mal asfaltadas que propician la perdida del control del
vehículo...
No pueden conducir por
nosotros, pero sí que deben ocuparse de que el estado de las carreteras sea el
óptimo.
En este mismo sentido,
imagínense que fueran caminando por la calle a una velocidad pausada. Y el mero
hecho de tropezarse y golpearse con alguno de los bordes de la acera tuviera
como resultado la amputación de un brazo, o una pierna. Indignante, ¿verdad?
Pues bien, esta es exactamente la situación a la que se enfrentan los motoristas
con los guarda raíles de las carreteras. Por fin, a finales de 2006 el gobierno
destinó una partida presupuestaria de un millón de euros para sustituirlos.
Realmente desconozco cuanto
cuesta sustituir todos los guarda raíles de la red viaria española, pero dudo
mucho que sea suficiente un millón de euros. Y si realmente esta cantidad es
suficiente es realmente vergonzoso que no se haya hecho antes. ¿Cuánto se han
gastado en proveerse de radares, parquímetros y demás elementos recaudatorios?
Finalmente, me gustaría citar
las palabras del actual director de tráfico, Pepe Navarro: «De los cuatro mil
fallecidos que hay, mil podríamos evitarlos si todos cumplimos escrupulosamente
los límites de velocidad». La pregunta que se deriva es: si circular a más
de 120 Km/h. está prohibido en cualquier vía... ¿por qué se permite que la gran
mayoría de vehículos pueden superar con creces esa velocidad?
Salvemos vidas. Impidamos que
los coches se diseñen para incumplir la ley. Sería una medida lógica si
realmente se quiere apostar por la seguridad.
Menor gasto de gasolina,
menores ingresos por sanciones, las empresas automovilísticas perderían su
principal atractivo publicitario... pero también se salvarían más vidas.
¿Son las muertes en carretera
un sacrificio humano aceptado por nuestro gobierno? ¿Y por nuestra sociedad?
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MIGUEL SAMPAYO
vive en Barcelona

Imágenes remitidas por el autor
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