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El ansia de belleza del hombre, conduce a los laberintos enigmáticos del
alma caída.
La necesidad de extraviarnos en los espejos, de
descansar de nosotros mismos en los finitos, empero diabólicos senderos de
enigmáticos jardines, extraviándonos en sus recurrentes galerías de setos,
habla del imperio de la magia que campea sobre el espíritu y de la luz
crepuscular, en la que toda metamorfosis es posible.
¿Por qué fueron creados los jardines, para qué, qué
significan, estas prisiones en la que sin embargo habla la infinitud
luciferina del poder transfigurador de lo humano sobre la naturaleza?
Todo jardín, desde los remotos trabajos artesanales de
la China, son apelaciones abiertas a la magia, continentes donde todo
puede suceder,
desde las trasmutaciones alquímicas
hasta el «opus nigrum» que eleva el «geist» (espíritu) a las alturas desde
la cual cayó a la tierra, hasta las satánicas crueldades en las que se
anuncia el retorno de Lilith a nuestro mundo.
«Almendros en Flor», en los pequeños jardines
japoneses, perfectos como la crueldad del alma de un Samurai, pétalos
rosas entre los cuales se oculta un «sepuku» y vuelven las almas de los
muertos a rebelar sus secretos hasta que la calma desciende sobre ellos.
Aquellos jardines de Italia, en los cuales Percy Bisay
Selley, John Keats y Byron conjuraron a las potencias demoníacas para
exaltar los poderes del hombre, hasta convertirlo en un Dios, sólo las
selvas y los salvajes montes, en los cuales sólo el trino de un ave, habla
de la bondad divina.
El jardín es la replica del Paraíso Perdido, la
búsqueda de éste por el hombre, el no resignarse a los desiertos donde se
purifica el ánima, a los soplos del «neuma» (alma), que, en su soledad,
apela a la soledad de las alturas, al frío de las nieves, a la crueldad de
la piedra anterior a todo verbo y toda encarnación, para purificarse; los
jardines exponen, pero también protegen: en ellos las sierpes primitivas
del conocimiento cobran forma y el demonio, cobra formas de criaturas
extrañas, reflejos de los deseos insatisfechos del mortal.
Los jardines de nuestro Occidente desafían la
perfección de un Universo creado por el único, por la palabra única, las
simetrías, los ángulos y la recreación de un mundo perdido para siempre,
pero no para aquel estigma luciferino que anima todo resplandor de belleza
en el tiempo que destroza al mortal bajo sus engranajes.
Igual que la poesía, que cierta pintura, danzas
rituales, o cuartetos y sinfonías que por su perfección desafían el orden
divino, permitiendo retornar al génesis primero, el instante en el cual el
conocimiento habló al hombre, la libertad sin fundamento llamó al hombre a
ser «el sin fundamento», el «deyecto» (ángel caído) y rebelde, capaz de
transformar la belleza en horror y el horror en belleza.
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ÓSCAR
PORTELA,
nacido en la provincia de Corrientes (Argentina), es
escritor y ensayista. Ha publicado, entre otros títulos, Senderos en
el bosque; Los nuevos asilos; Memorial de Corrientes; La memoria de
Láquesis y, recientemente, Claroscuro.
WEB DEL AUTOR
FOTOGRAFÍA: Pedro M. Martínez ©2006
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