Hay en las pantallas españolas actuales una presencia turbadora de fácil
reconocimiento pero difícil recordatorio. Se trata del actor Alex Brendemühl,
quien, sea por lo complicado de su nombre o por moverse en el cerrado circuito
catalán no ha conseguido todavía toda la popularidad que sin duda merece.
Estamos seguros de que, con lo dicho hasta ahora, muchos de nuestros lectores no
le ponen cara aún. Demos algunas pistas: hizo su debut cinematográfico en El
porqué de las cosas (1995), versión algo desmejorada del formidable libro de
relatos de Quim Monzó, pero sus primeros grandes éxitos llegaron en 1999 con dos
películas «de culto»: Sobreviviré, de Menkes y Albacete, y Un banco en el
parque en la que hacía su primer papel protagonista.
Cualquiera que haya visto esta
inquietante película tiene que saber ya de quien estamos hablando: se trata del
chico de ojos penetrantes y lentos movimientos que busca que el destino se
aparezca en forma de mujer por las calles de Barcelona. Alex Brendemühl se ha
especializado en ese tipo de
personajes
callados, intrigantes por todo lo que ocultan, de ademanes pausados y respuestas
calculadas. Da la sensación de estar superado siempre por el momento y de no
importarle demasiado; en ese sentido nos recuerda a Oscar Ladoire, actor
madrileño que alcanzó su cenit en los 80 con películas costumbristas como Ópera
Prima o A Contratiempo. Brendemühl adopta los mismos gestos pero para
descubrir Barcelona, cada rincón de la ciudad, de sus parques. Es la viva
expresión de la calma, como si todos sus pensamientos se movieran en una
horizontalidad que no mira hacia adelante.
Desde entonces su carrera no ha hecho
sino crecer, culminando este año con un papel de protagonista en Las horas del
día. Su última aparición ha sido dentro del coro de personajes de la
costumbrista En la ciudad, recién estrenada en las pantallas españolas y en la
que es capaz de dar un necesario punto de humor y de ternura a la vez. La
ternura de un personaje que parece no caber en sí, no conseguir respuestas o no
buscarlas ni siquiera. Por eso nos quedamos con Las horas del día, de Jaime
Rosales como su mejor película, porque el director supo sacar perfecto partido
de esa sensación que Brendemühl causa en el público. En lugar de escoger a un
duro y curtido veterano de torva mirada, Rosales escoge a este- en apariencia-
pobre chico para dirigir al espectador por un camino anodino que desemboca en un
perturbador trastorno de personalidad.¿Qué es más
aterrador que saber que cualquiera puede ser un asesino y no sólo los que, como
los terroristas del telediario, parecen haber nacido con la cara apropiada?
La carrera de este actor, a sus 31 años, todavía no está a la altura ni mucho
menos de todo lo que lleva dentro. No nos extrañaría verle en poco tiempo en lo
más alto del escalafón y trabajando con los mejores directores. Da la sensación
de que Brendemühl, al igual que sus personajes, no tiene prisa por llegar, y eso
le ahorra un montón de malas películas. Es de los que prefieren que no se hable
de él a que se hable mal. Talento tiene para conseguir lo que se proponga y no
se quede encasillado como su «sosias» madrileño hace veinte años. Vayan a ver
En la ciudad y dense cuenta de quién va a ser la revelación de los próximos
años.
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con este actor
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